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Opinión | “Otro tropiezo de los que pesan”

El Ibiza sigue sin respuesta: cambio de entrenador, mismo problema.

Opinión | “Otro tropiezo de los que pesan”
Opinión

La noche del 29 de octubre de 2025 quedará para el recuerdo, aunque no por motivos que puedan entusiasmarnos. UD Ibiza fue incapaz de doblegar al Quintanar del Rey, rival de categoría inferior y en puestos de descenso, y acabó eliminada de la Copa del Rey en los penaltis tras un empate (1-1) en los 120 minutos.

El gol de Ernesto llegó muy prontoen el minuto 11, y dio la esperanza de que los celestes sumaran un impulso moral antes del parón. Sin embargo, justo cuatro minutos después, un penalti señaló el camino del empate para el Quintanar y dejó en evidencia algo más que un contratiempo puntual, porque el problema de este Ibiza va más allá del resultado de una eliminatoria, se está instalando una crisis que empezó hace meses y no se disipa, a pesar del cambio de entrenador.

El club confiaba en que el relevo en el banquillo fuera el revulsivo. El salida de Paco Jémez fue anunciada el 21 de octubre tras una etapa marcada por “malos resultados y la polémica”. En su lugar llegó Miguel Álvarez. Pero, lejos de frenar el descenso anímico del equipo, el nuevo técnico debutó con derrota en casa ante el recién ascendido CD Teruel (0-1) en un partido donde el control estuvo lejos de pertenecer al Ibiza.

Ese doble traspié (mala racha previa y nuevo ciclo sin reacción) está dejando dos cosas claras, no basta con cambiar de técnico para que se arregle el problema estructural del equipo, y el vestuario, el bloque, el planteamiento, parecen más desgastados de lo que muchos pretendían asumir.

Ante un rival como el Quintanar del Rey, que ya había sorprendido y que jugaba sin la presión del favorito, el Ibiza dejó la impresión de un equipo sin dinamismo, sin fe, y con carencias graves en lo que se da por sentado en categoría como la Primera RFEF: precisión, solidez y velocidad en el juego. “Sin garra, sin ritmo y sin ambición” fue una de las crudas conclusiones que se desprenden del partido.

Que un equipo con aspiraciones de ascenso, que ha invertido para estar entre los primeros del grupo, quede eliminado de la copa por un club inferior es señal de que algo en el proyecto no cuadra. Se puede analizar cada error: la concesión del penalti, la incapacidad de matar el partido, la falta de cambio de ritmo cuando había que hacerlo. Pero quizá el síntoma más grave es que no se ven mejoras perceptibles tras el cambio de técnico.

Los próximos partidos van a ser decisivos para no perder por completo el tren de la temporada. Se entra en una fase donde cada semana pesa como un mes. El calendario no espera, las expectativas tampoco. Si el Ibiza no reacciona ya, se arriesga a que el objetivo (el ascenso o como mínimo el play-off) se convierta en una utopía.

Además, la eliminación en copa acarrea un efecto moral: se pierde una vía para generar ilusión, motivación extra y minutos competitivos para relanzar la dinámica. El golpe anímico es evidente.

UD Ibiza tenía la plantilla, el presupuesto y la ilusión para pelear arriba. Pero los hechos están demostrando que eso no garantiza nada. El rival de inferior categoría le mostró el espejo en el que su imagen actual se refleja: sin solidez defensiva, sin contundencia ofensiva, sin carácter. Cambiar de entrenador puede ser un paso, pero no es la solución mágica. Es menester revisar el modelo, los esfuerzos, el compromiso colectivo. Porque este Ibiza está lejos de dar lo que prometía… y lo que espera su afición.


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